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Las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas y los Calares del Mundo y de la Sima nunca defraudan. Y de grande que es todo el territorio siempre tienes la sensación de que no conocerás más que parte de este inmenso tesoro. En esta ocasión tiramos de un puñado de tracks y de la experiencia y el olfato tanto de Bikercampello como mía para ‘abrirnos paso’ una vez más en este fabuloso océano de soledad.
DIA 1
Con las primeras luces salimos en bajada de Yeste por el GR66 dirección Embalse de la Fuensanta. Antes de llegar giramos a derechas para buscar los cortijos de Tinjarra y más adelante el fabuloso Arroyo de Simancos. Las vistas excepcionales también por el Arroyo de Tinjarra, donde vemos alucinados a un regimiento de cabras montesas remontar una pared vertical. ¡Asombroso! Bien arriba ganamos el Collado Plaza y del otro lado entramos en una senda muy endurera que nos ha de llevar a los cortijos de Yécar y el Collado de Jícar. Al poco perdemos la senda y navegamos un buen rato perdidos por medio del monte. Muy duro. Cuando de vueltas encontramos de nuevo el sendero, esta vez sí lo atacamos y bien, disfrutando a lo bestia. Ya abajo salimos a pista abierta y pasado Yécar y su bello Collado caemos al cortijo de Arroyo Madera, que atesora una espléndida fuente. Toca subir al pueblo de Arguellite, muy animado con sus gentes, su campamento de escolares y su magnífica iglesia. Salimos del pueblo por pista hasta Los Prados, disfrutando de las vistas y de las fuentes. Pasado Los Prados la cosa se complica, con exigentes cuestas y el terreno roto. Así ganamos los Cerricos de la Lobera, divisoria entre las tierras manchegas y las andaluzas. Del otro lado tiramos un rato y después de almorzar bajo la sombra de una imponente encina nos frena de golpe un imponente precipicio. Por un buen rato dando palos de ciego, sin entender cómo diablos avanzar. Finalmente encontramos el paso entre un roquedal inmenso, colgados de la pared. Nos toca una buena pateada. Nunca le hacemos asco al bicitrekin, jeje. Bien abajo el sendero comienza a ser más agradable y tiramos fascinados a buena velocidad hasta tocar fondo en un arroyo que baja hasta arriba de agua. Nos refrescamos, algo de comer y al cruzar el rio tomamos pista. Siempre en subida, el calor apretando fuerte, y la pista con enormes bancos de arena fina que nos hace muy duro el avance. Cuando creemos no poder más llegamos a un cruce y tomamos una pista en bajada que nos mete directos en el Nacimiento del Río Tús. Merecido baño, primero en las aguas frías del bravo torrente, y luego, algo más arriba, justo en el nacedero del Tús una cascada enorme, la balsa calma y las aguas cálidas, sulfurosas. No salimos de nuestro asombro. El sitio es de fábula, y tan difícil de llegar que, efectivamente, por aquí no cae ni el Tato.
De vuelta al mundo real toca acabar la etapa. Salimos en fuerte subida del río y al retomar el camino alucinamos con la variedad de árboles que nos rodean. También vemos (y oímos) un montón de animales. Estamos en una quebrada abierta al norte, un lugar sin duda mágico. Seguimos nuestro avance y pasamos una cancela que impide el paso de vehículos. Más arriba por pista más asentada y pronto el asfalto. Un cruce de caminos y tomamos un imponente sendero que nos lleva primero al cortijo de Las Acebeas y más adelante a la Fresnedilla. Un auténtico paraíso para la BTT. En el avance hacia Siles la senda se asoma ahora al bello valle, y por kms vamos así, asomados con el precipicio a derechas. Aparece por fin Siles. La bajada se hace por un sinfín de curvas reviradas, para caer de últimas al Área Recreativa de la Peña del Pinar, donde embalsan el agua del rio y se bañan las gentes del pueblo. Deshacemos un rato por asfalto para entrar en Siles por el GR66 junto a su esbelta torre.
DÍA 2
Salimos de Siles y por cerca de 15 kms por pista abierta y bien asentada para ganar, salvando 900m de desnivel, el Puntal del Caballo. Hemos subido sin prisas, disfrutando de la fresca mañana, casi siempre emboscados y dándole al pico y no a la pala. Arriba las vistas son impresionantes, con el cerrado valle del Tús y el Desfiladero del Infierno en lo más hondo. Por un rato perdemos el rastro del sendero, y cuando lo encontramos nos espera un bonito curro de bicitrekkin para darle la vuelta al Puntal del Caballo colgados del precipicio. Del otro lado subimos a los Calares y salimos a la Peña Marronera, para enfilarnos de nuevo en bajada. Tiramos un buen rato por pista, los paisajes de ensueño. Más abajo nace un sendero y pronto de nuevo el precipicio y la bici a cuestas. El lento avance tiene su recompensa por los parajes inolvidables por los que pasamos y las vistas únicas del Desfiladero del Infierno. El enorme esfuerzo y bien abajo por fin se gana una pista que nos mete en el Arroyo la Lastra. Intentamos bajar por la senda, pero encontramos todo inundado. El calor y el hambre aprietan, y decidimos dar media vuelta y por pista primero y alquitrán después entramos en el cortijo Lagunicas, donde un lugareño nos informa de que más abajo, en Los Giles, hay bar. Así, le tiramos directos y en su sombra saciamos sed y hambre.
Al levantarnos cargamos agua de la fuente y vamos directos al Camping Río Tús, y más adelante cruzamos el río en Vado de Tús. El sol aprieta fuerte y ante nosotros una cuestón del 18 para ganar La Moheda y más arriba y venga a subir. En un cruce dejamos el GR66 y tomamos una pista a izquierdas con continuos toboganes que nos va acercando al Collado de Bochorna. Pasamos algunas fuentes y hemos de cobijarnos en muchos momentos de las tormentas. No es mucha el agua, pero impresionan los relámpagos a la intemperie. En el Collado decidimos subir al Monte Ardal, para entrar de vuelta en Yeste por detrás de la montaña. La subida no tiene dificultad. La parte mala ya está hecha. Ahora por asfalto ganamos las antenas y el vértice geodésico, con sus impagables vistas del mar de montañas a nuestro alrededor. Charlamos un rato con un agente medioambiental que nos pone las pilas para sendear el tramo que nos queda para entrar a Yeste a lo grande y así hacemos.

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