Tempo  2 días 10 horas 30 minutos

Coordenadas 25666

Fecha de subida 15 de julio de 2018

Fecha de realización julio 2018

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67 m
22 m
0
21
43
85,28 mn

Vista 199 veces, descargada 1 veces

preto de Goya, Corrientes (Argentina)

El siete de Julio encaramos la bajada del arroyo Isoró, una travesía ampliamente esperada en el afán de reproducir la bajada del Paraná de 1993, ahora incursionando por los arroyos y riachos más recónditos. Esta vez la idea era ingresar a la reserva del Isoró y después seguir entre las Islas desde Goya a Esquina. Por esa ruta son 145 Km, todo el trayecto discurriendo entre arroyos, riachos y lagunas. Sin disponer de un GPS que me permita grabar la ruta y seguirla, la navegación se hace con mapa, compas y chequeando WP. Aún con GPS las tapias de camalotes no se pasan, pero uno sabe exactamente dónde se quedó atorado.
El plan llevó un rato de análisis de la ruta verificando las fotos históricas de GE donde se ven claramente tapias de camalote en varios lugares. Algunas se esquivan desviando pocos KM, pero otras implican una vuelta bastante larga para pasarlas. También detectamos la única salida al Paraná por si estábamos muy jugados y necesitábamos una ruta segura, aunque más larga.
Zarpamos cerca de mediodía, el pronóstico no es alentador viento sur de alrededor de 20Km/h y lluvia para los tres días de la travesía. Nos despegamos del riacho de Goya por un atajo y salimos al Puerto. Ahí estaba quietita amarrada la balsa que hace el trayecto a Reconquista. Seguimos por una amplia recta Norte Sur donde el viento pegaba de tal manera que al dejar de remar viajábamos río arriba. Cuidadosamente revisamos el WP de la entrada del Isoró. Si me paso no queda otra que remontar.
El Paraná está bajo, después de casi un año de creciente en 2016 y el verano pasado bastante alto empezó a bajar hacia el otoño y ahora aparecen los bancos y árboles hundidos por todos lados. Una vez que entramos al Isoró estamos de paseo, si bien el viento sigue fuerte, el monte muy alto en ambas orillas y las curvas nos hacen de reparo. Aprovechamos para disfrutar del paisaje mientras el arroyo cambia en la medida que se arrima o se aleja de la costa correntina. Pasamos la primera bifurcación dónde el arroyo se arrima a la costa y nos adentramos en las islas, ahora predominan los camalotales y campos bajos. Seguimos sin dificultad la ruta. Otra vez arrimando a la costa correntina en la boca de una laguna vemos a los dos primeros humanos, camuflados metidos en la boca de una laguna en plena cacería. Seguimos viaje esperando que no tengan mucha suerte y en la segunda vez que tocamos tierra firme aparece una costa elevada y los hermosos palmares de Yatay que se ven desde la ruta. Un puesto, debe ser de la estancia Cerrito que está ahí nomás y un paisano a caballo que me mira como si hubiera venido de Marte. Más que nada por mi atuendo de manga corta, en plena llovizna y con un viento sur que sacudía las palmeras. Más adelante viramos al Oeste por un arroyo ignoto buscando alejarnos un poco de la civilización para hacer campamento. Otro par de humanos caminando por la orilla escopeta en mano. Ya estaba queriendo oscurecer, no tanto por el ocaso, más que nada por los nubarrones bien bajos, bien grises. Vemos una curva muy prometedora, monte alto, pasto corto y encima buena vista. Bajamos por las raíces para confirmar la bondad del lugar, pero es imposible levantar el kayak que se enreda con las raíces y por más fuerza que haga no zafa.
Seguí la corriente un rato más y desembarqué en una linda playa de puro barro, pero accesible. Metí el kayak en el monte, armé campamento lo más rápido posible y junté una buena pila de leña para asar la cena. El fuego le gana a la pertinaz llovizna que me da un respiro de vez en cuando para arrancar con la picada. La leña se esfuma, pero metí un par de troncos de tala que dejan buena brasa y el vacío queda impecable.
De sobremesa chequeamos la carta y el primer (medio) día metí 40 Km frío y con el kayak cargado a full. Nos vamos a dormir contentos.
Amanece con más viento y lluvia. Siempre dejamos tapado el fuego y algo de leña a reguardo de la lluvia, así que el fuego arranca rápido y temprano. Le meto al desayuno kayakistico de invierno, submarino con alfajor de dulce de leche y caliento un matecocido para el resto del día que pinta frío, ventoso y húmedo. Se zarpa medio tarde porque cuesta levantar campamento todo mojado y mantener el orden para no sufrir al día siguiente. El arroyo ya no corre tan fuerte y cuando se ensancha ni se nota, hay que prestar atención para no meterse en ninguna laguna. También aparece la primera tapia de camalotes, de estar cerrado debería dar un rodeo de unos 20Km con lo que se complica el plan que ya está muy ajustado en tiempo. Pasamos sin camalotes, aleluya. Buscamos una playita a nivel para picar algo, acostumbro a comer bien durante las travesías, pero el viento patagónico no da para preparar nada. El mate cocido vale oro. El arroyo se arrima a la costa el paisaje es medio triste, campos bajos tapados de Acacia Café y donde es más bajo Pehuajó todo quemado por la helada y alguno que otro juncal todo muy pisoteado por las vacas que me miran desde ambas orillas. Se nota la presencia humana, hay árboles cortados, botellas vacías y plásticos varios. Por suerte nos alejamos de nuevo enseguida. El arroyo desemboca en una laguna, cruzarla es un parto. Al final me espera otra tapia de camalote que por suerte no está. Me queda otra laguna más larga y bien de Norte a Sur, antes de salir paro a verificar el mapa y me tomo un cocido caliente. Cruzar la laguna me lleva un rato largo, además de la llovizna la marejada me pega al pecho. Otra vez se pone oscuro, aunque faltan dos horas para que anochezca. El mapa me marca una punta sobre la margen Izquierda que veo claramente, tengo que virar al Oeste y después un poco al NO para embocar una laguna que tiene un monte alto al costado. Es lo más parecido que ví a los pozos del barca grande, con viento sur de través, casi oscuro y lloviznando así que cuando veo el albardón alto un poco hacia el NO le apunto. Tardé unos 45´en llegar y me pego al monte de Ingás que me hace reparo. El riacho pega una vuelta y retoma hacia el SO, hacia el Norte aparece una laguna inmensa, doblo la vuelta y adelante aparece un camalotal interminable. Nos desviamos de la ruta hay que retomar y se hace de noche. La laguna tiene un albardón alto y justo en la punta hay un paso entre los camalotes, excelente lugar. Aunque un poco expuesto es lo mejor que se puede pedir. Es un poco temprano, pero necesito la hora de luz para acampar y un rato para verificar la posición y cuanto estamos desviados de la ruta. Seguramente no era tan grave, saliendo del albardón de los Ingás estoy a 2Km de la ruta. El asunto es que con tanta laguna, el viento y los chequeos de posición el segundo día hice nada más que 42 Km (dos para atrás…).
De seguir a ese ritmo estamos fritos, la única opción es salir temprano y ya no me queda crédito para pifiarle de nuevo. Superfogata para orear la ropa y dejar resto para la mañana siguiente. Cené adentro de la carpa y la sobremesa la dejamos para estudiar bien los mapas. Sigue el viento y de vez en cuando llovizna. Arrancamos a las 6, se ven las luces del pueblito que está a 3 Km en línea recta, incluso se escuchan los gallos. Yo voy para el otro lado y veo como se desvanecen en la oscuridad las últimas brasas de la fogata, paso el monte de ingás doblo al Sur y amanece. El viento está calmado pero otra vez levanté campamento con llovizna tupida. Ahora reconozco claramente en el terreno, lo que veo en el mapa vamos recuperando confianza pero no es fácil. Cuando entrás a una laguna inmensa por una boca de 10m para encontrarla de vuelta se complica, los riachos se abren en varios brazos, aparecen lagunas más chicas y otras que se pierden al horizonte. Solamente la que yo sigo tiene salida.
Un par de horas y llegamos al final de la última laguna, dobla un poco al sur y desagua por un riacho. De ahí en más no hay tapias de camalote es como un océano de agua y camalotales con algunas islas más altas, todo corre al Sur y desemboca al Paraná aguas arriba de Esquina. Estoy en el punto más cercano al Paraná y aunque tengo que remontar 6Km y remar casi 40 adicionales es una ruta 100% segura. Para alcanzarla tengo que encontrar la desembocadura del arroyo único (Sin GE y sin GPS es imposible) La boca sale en medio de un camalotal y no tiene dos metros de ancho deben ser las 9 aproximadamente. Vamos a lo seguro… El arroyo corre en contra de una manera descomunal, es muy parecido al Caica ahí cerca de Rosario. Estoy completamente seguro que el camino está despejado, no hay camalote que resista semejante correntada, para confirmar el ruido de motor aproximándose indica lancha. Me resguardo contra el camalotal, después de haber cruzado indemne el Vinculación varias veces, lo único que me falta es sufrir una colisión en ese arroyo. Pasan cuatro paisanos que cambiaron el caballo por la canoa, saludamos y cada uno sigue por su lado. El arroyo es cada vez más ancho, menos correntoso y con más monte en las orillas. Pasamos la zona de Camalote, después vino la zona de Sauce y Aliso y ahora estamos en la zona de Ingá y Laurel. Llegamos a duras penas al Paraná, en la boca hay una boya roja y una tapera. No tengo mapa pero el Paraná solo hay que seguirlo río abajo, el viento sigue pegando de frente muy fuerte. Yo de manga corta y los pescadores de Esquina parecen vestidos para el polo arriba de las lanchas. Sigo un par de horas y paro a almorzar tengo un día y medio para llegar y a la velocidad que voy me sobra. Desembarco en la entrada de un riacho al reparo. Armo fuego, me salteo una cebolla y un morrón, le meto el vacío de la primera noche arroz y me sale un guiso de fábula. Picada, guiso un té caliente de sobremesa y salgo a recorrer el albardón para observar aves. Pepiteros grises, cardenales, boyeros. Lo mejor fue un Chororó que se puso a cantar a unos metros y una familia de seis carpinteros blancos en un sauce en la orilla de enfrente. Seguimos viaje, son las dos. El riacho vuelve a salir al Parana más adelante así que me meto para escapar un poco del viento y disfrutar la vista. Al salir otra vez pega duro el sur, navegar por el Paraná ancho es un poco tedioso encima en las restingas se arma resaca y cada vez que paso una termino empapado. Si las esquivo por la orilla me como la corriente en contra del remanso. Chequeo la velocidad y avanzo muy rápido. Haciendo un cálculo conservador a las 9:30 llego a Esquina, hay miles de lugares para acampar pero me tienta la posibilidad de terminar ese mismo día. Espero que al anochecer amaine el viento. Empieza a oscurecer y se encienden las boyas, son una ayuda más. En principio para ver para dónde va a ir el carguero que viene navegando río arriba justo delante de mí. Veo las dos luces, la roja y la verde, más claro que a las 12 del medidiodía viene derechito hacia mí. La baliza roja que está sobre la costa pero la veo de vez en cuando, porque me la tapa el monte. Yo por las dudas desvío un poco mi rumbo y el carguero se va hacia el medio del río así que nos cruzamos a prudente distancia. El viento no amaina ni un poco, es noche cerrada y todavía no se ven señales de Esquina. Seguimos como unas tres horas en plena oscuridad, viento y algo de marejada en las restingas. No hay un momento de tranquilidad para tomar algo de té ni para achicar que empieza a filtrarse un poco de agua en el cockpit. Queda una parte complicada donde desaguan todos los riachos en el Paraná antes de Esquina, sacamos de vuelta el GP y chequeamos la ruta. Ya se ve la ciudad y el reflejo de las luces en las nubes bajas ilumina bastante. Todo se vuelve confuso, pasamos varios bancos que sabíamos que estaban, por las bocas y por el río bajo, espantando cardúmenes de Sábalos. Algunos saltan y otros se estrellan contra el casco. Esquivamos la boca falsa, pasamos por atrás de la isla y después de perder de vista por completo la ciudad atrás del juncal aparece el Canal de acceso. Ahí está, Santa Rita de la Esquina del Río Corriente, toda iluminada, una mezcla de Venecia y Las Vegas. Me recibe con cumbias cuando esperaba chamamés. Pero bueno, encima el canal corre con todo a favor, hasta el río Corriente. Como su nombre lo indica, pero en contra remontamos estoicamente los dos km en plena calma, hasta la playita de la Posada del Muelle, miramos la hora y eran las 9:30.
Es una laguna angosta y al llegar al final se divide en tres brazos, hay que tomar a la derecha
Bifurcacion simple tomamos a la derecha para entrar a las islas pero se sale por los dos brazos
Se toma al Oeste para seguir por el interior de las Islas. De seguir por el brazo Izquierdo se llega a destino también pero hay que cruzar dos lagunas. Es la ruta alternativa para evitar las tapias de Camalotes
Se llega por un arroyo ancho y correntos que continúa a la Derecha. Hay que tomar a la Izquierda por un arroyo angosto y cerrado por camalotes aunque parezca que no es lo correcto
Lugar donde tuvimos que chequear la posición. La corriente sigue derecho con mucha fuerza entrando a las lagunas pero hay que tomar a la Izquierda por el brazo más angosto y menos correntoso
Acceso al arroyo Isoró. Hay que estar atentos porque hay varias bocas en la zona y de pasarse hay que remontar el Paraná en una zona de mucha correntada
Arroyo tapiado de Camalotes, intermitente según fotos temporales de GE. En este caso y de otras tapias registradas tenemos una ruta alternativa para esquivarlas
Albardón alto con monte cerrado y sin pasto abajo. Buena leña y lejos de habitantes. Un poco barrosa la playa
Segundo campamento en albardón alto en medio de una laguna, medio expuesto al viento. No tanta leña y muy pisoteado por las vacas. Bajada por unas raíces de Ingá. Único espacio para acceder a la costa entre los camalotes
Hay que tomar a la Izquierda por el arroyo angosto
Muy difícil de ubicar, salida de arroyo pasaje angosto entre camalotes. Remontando el arroyo se llega al Paraná siendo la única salida en todo el trayecto para acortar la vuelta

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