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preto de Linás de Marcuello, Aragón (España)

El presente recorrido permite conocer algunos de los lugares más recomendables de la zona de los Mallos, teniendo como colofón la famosa ferrata de Riglos (llamada Cubilillo os Fils), de dificultad K2.
En lugar de partir de Riglos, merece la pena también la subida desde Linás. Desde la parte alta del pueblo se sigue el GR-1. Por él llegamos en pocos minutos por pista al merendero, y aquí hay que estar atentos para tomar a la izquierda el GR-1 (ahora sendero) que cómodamente nos sube hasta el castillo de Marcuello (del que solo queda una pared) y la aneja iglesia de la Virgen de Marcuello. El lugar es mágico y las vistas espléndidas. También merece una visita lo que queda de la bonita ermita románica de San Miguel, en el cercano collado al que llega la pista de Sarsamarcuello.
Enfilamos por la pista de la izquierda, dirección al Mirador de los Buitres. Si la alambrada del coto de caza (instalada a finales de 2015) nos lo permite, merece mucho la pena recorrer el sendero de Os Fils, que recorre los acantilados del lado sur de la montaña y nos permite admirar las curiosas formaciones que la erosión ha dejado en forma de capas horizontales superpuestas y monolitos con forma de tornillo. El sendero (o, si no se puede, la pista) nos deja en el Mirador de los Buitres, que tiene una de las mejores vistas del conjunto de los Mallos de Riglos y de Peña Rueba.
De aquí vamos a hacer el anillo de la ferrata. Nos equipamos y tomamos el sendero que del Mirador parte hacia el norte. En el borde, al comienzo del descenso, nos podemos acercar hasta la losa conocida como "Piedra Cobertera", que nos depara unas vistas de vértigo. Continuamos el camino de descenso, muy empinado, agarrándonos a los bojes, hasta que llegamos a la base de la peña y la senda comienza a bordear hacia la izquierda. Aquí es donde aparece el cable de vida, que por una espectacular repisa nos lleva hasta el puente tibetano de la Peña de Don Justo (que pone un punto de adrenalina al recorrido). Es corto, un par de pasos. Tras atravesarlo, toca bajar una escalera metálica y, a partir de ahí, el sendero desciende con mucha pendiente por un bonito bosque hasta enlazar con el camino de subida a la ferrata.
Ahora nos toca subir por el sendero (hacia la izquierda) hasta llegar a la base de la pared, justo en la vertical del mirador. La ferrata no es difícil y lo más diferencial, aparte del magnífico entorno, es que consta de clavijas en lugar de confortables grapas, lo que aumenta un poquito la sensación. La segunda mitad de la ferrata es algo más exigente, y en caso necesario se podría evitar tomando una tenue senda que remonta la canal de la izquierda.
Una vez en el mirador, la vuelta la hacemos por la pista hasta San Miguel y ahí retomamos el camino de subida.

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